No son “aliados” ni todos los que dicen serlo ni los que lo parecen.

Parece que a base de tanta Europa y tanta Unión Europea los españoles nos hemos olvidado no sólo de nuestra historia europea, sino también de qué es Europa hoy. Asimismo, a base de tanta…

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Parece que a base de tanta Europa y tanta Unión Europea los españoles nos hemos olvidado no sólo de nuestra historia europea, sino también de qué es Europa hoy. Asimismo, a base de tanta solidaridad internacional y otras zarandajas, también nos hemos olvidado de que en las relaciones internacionales, en política internacional, no hay amigos, ni aliados de verdad, lo que hay son únicamente intereses; los cuales, además, fluctúan tanto como las veletas cuando sopla el viento y cambia en minutos.

 

A raíz de la debacle secesionista de parte de los españoles, que lo son, de las provincias catalanas, todos, unos y otros, han mirado al exterior en busca de apoyos o, al menos, de observadores mudos. Al final, unos y otros han intentado cantar victoria y si bien hay que reconocer que a los secesionistas, a pesar de sus ímprobos esfuerzos y considerables cantidades de dinero –nuestro, de todos–  prodigadas en repugnante sobornos, no han conseguido esa internacionalización que buscaban, tampoco el des-Gobierno Rajoy puede decir que haya cosechado la tan necesaria unanimidad.

 

Así, y por diversos motivos, algunos de los cuales relacionaremos a continuación, se han puesto manifiestamente de parte del descuartizamiento de España los siguientes países, bien sea de manera explícita, bien con sordina, bien directa o indirectamente: Estados Unidos, Bélgica, Suiza, Suecia, Finlandia, Israel, Letonia, Lituania, Estonia y el grano en nuestro trasero de Gibraltar, debajo del cual siempre puede estar el pus británico. Asimismo, con matices, la propia UE y el Vaticano.

 

Los EEUU han sido más que peligrosamente sutiles: en su viaje a aquel país, Rajoy sólo obtuvo del estrambótico Trump una vaga frasecita de que le “…gustaría que España siguiera unida…”. Además, la portavoz del Departamento de Estado manifestó, textualmente, que “…trabajará con el Gobierno o entidad que salga del referéndum…”; ¡qué peligro! Y es que no es de extrañar, toda vez que Rajoy y su equipo de lumbreras tomó partido decididamente por la impresentable Clinton hasta cotas de imprudencia y estupidez inimaginables, olvidando que en política exterior hay que ser muy, muy parco o mejor mudo, máxime ante elecciones siempre llenas de incertidumbre. El problema en tal asunto fue la ineptitud de nuestros diplomáticos, la de los agentes del CNI y la de los agregados de toda clase y condición que pululan por allí y por las múltiples organizaciones mundiales allí radicadas que se dedican a  tocarse el bolo y a comer canapés en vez de a trabajar.

 

Bélgica ha sido más contundente y su posición del lado de la secesión catalana, al menos la de los flamencos. no se ha hecho de rogar. Y es que Bélgica, país realmente partido en dos irreconciliables que se mantiene aparentemente unido de milagro, siente en propias carnes las secesiones y, además, no olvidan al duque de Alba; asimismo Bélgica siempre fue aliada intelectual de ETA, por lo que de raza le viene al galgo.

 

Israel, no perdió la oportunidad de vomitar por boca de su ministro de Asuntos Militares, Eli Ben-Dahan, un exabrupto del calibre siguiente: “Si bien España está a favor de la creación de un Estado palestino, no quiere que sus ciudadanos catalanes organicen un referéndum.”. Aunque mezcló churas con merinas, devolvió también las leches que España le ha soltado por no saber callar y dejar de involucrarse en los asuntos internos judíos que, en realidad, ni nos van ni nos vienen.

 

Suecia y Finlandia, como en épocas pretéritas cuando el maldito Olof Palme recaudaba dinero públicamente para ETA, sea por su tradición, sea porque el frío les tiene congelados el cerebro y otras partes de sus cuerpos, sea porque les fastidia que los machos ibéricos les chuleen en verano a sus hembras, también se mostraron más que tibios en su oposición a la secesión.

 

Los tres paisitos bálticos, a los que algunos de nuestros aviones y carros, con nuestro dinero, claro, dicen defender (¿?) del oso ruso, han salido por peteneras.

 

Por su parte, aunque la UE aparentemente se ha puesto de parte de la unidad de España, sus “sugerencias” de “diálogo” y de no empleo de la “violencia”, entendiendo por tales la negociación con los ilegales e ilegítimos secesionistas y la indefensión de la lay al no poder hacer uso de las fuerzas del orden, pone los pelos de punta sobre la fiabilidad de ese pretendido apoyo.

 

En cuanto al Vaticano silencio total, y los silencios son siempre cómplices, a no ser por una poco fiable noticia según la cual dijo uno que le ha dicho otro que ha oido al Papa Francisco I qe parece que cree que ha dicho que no está por la labor de apoyar secesionismos que no sean provocados por la descolonización. Pero ni una sola medida disciplinaria, ni una sola declaración clara y contundente desaprovando las múltiples barbaridades de sus obispos de ls provincias catalana, de la nota de la Comisión de la CEE, ni siquiera de las actuaciones aberrantes de buena parte de los clérigos de las citadas provincias,  como tampoco de las de Vascongadas o Navarra. Todo, aquí también, para poner los pelos de punta.

 

El resumen es más que evidente y mosqueante; desde luego nada tranquilizante. Pagamos cuatro décadas, aquí también, de política exterior hortera y estúpida cargada de soberbia, bandazos, machadas, groserías, bajadas de pantalones y de andar como elefante en cacharrería, que una nación como España, de entidad media-baja como por desgracia somos ahora, y necesitada de apoyos de muy diversas y variadas clases. no se puede permitir. Se nos va la fuerza por la boca, cosa que en materia de política exterior nunca se debe hacer. Ya no somos un imperio en el que no se ponía el Sol, ni tenemos Tercios para repartir estopa a diestro y siniestro. Podemos darnos navajazos en casa, pero fuera de ella hay que ocultar las heridas y cerrar filas, porque el mundo está lleno de lobos inmisericordes. No se puede seguir buscando aliados fuera para nuestras peleas, porque siempre ocurre como con los moros en el 711, que supuestamente vinieron para ayudar a uno de los bandos y acabaron quedándose ocho siglos. Ese defecto tan nuestro de gritar a los cuatro vientos nuestras rencillas y debilidades nos pasa siempre factura. Hay que saber nadar y guardar la ropa y en política exterior se hace callando, enseñando dientes y no mojándose nunca cuando no se es una gran potencia y nosotros no lo somos. Poco e realidad nada nos importa, en nuestras circunstancias de decadencia y extrema debilidad lo que les pase a otros. Hay que estar pero sin que se note. Hay que recoger pero de todos. Hay que mirar cómo se dan entre ellos sin que ninguno nos tenga por partidarios del otro. Pero mucho nos tememos que eso no va con nuestra forma de ser.

 

Cómo se echa de menos a aquél buen hombre, que en Gloria está seguro, que llevó durante cuatro décadas la política exterior de España en condiciones dificilísimas con una inteligencia, prudencia, dignidad y habilidad, muchas veces maquiavélica, sin cometer ni un sólo error, digna de encomio.

 

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